31 de octubre de 2011

El Eco De Tus Alas Contra El Viento Y La Sonrisa Que Nadie Vio.


Esto decía ella con aspecto de pantano:

Hoy quisiera preguntarte muchas cosas, han pasado tantos días, tantos minutos y muchas veces muchos de ellos no son más que vagabundos que han pasado sin dejar un solo rastro, sin siquiera dejar una huella aunque nunca fuese del todo cierto.

Han pasado tantos años y no creo para nada en la superstición, tampoco en las casualidades y por eso todo lo que ha pasado con nuestras vidas no puedo pensar que sea casual. Hoy en la mañana estuve reflexionando acerca de muchas cosas que han pasado en nuestras vidas, pero sobre todo he pensado en ese terrible, momento en el cual saliste por la puerta del apartamento en el que vivíamos.


Eran tan felices esos días, no faltaban las risas y las lágrimas tampoco, aunque fueron menos las lágrimas. 

Pero cuando te fuiste todas las lagrimas que las risas escondieron salieron y salieron por mucho tiempo hasta anegar hasta el más profundo suspiro, todo lo anegaron, todo lo llenaron de agua que apozada en el corazón, en el alma y hasta en la piel, se fue pudriendo y con su descomposición lo hecho todo a perder.

Un día todo empezó a oler mal, todo estaba ya dañado y sé que solo se trataba de mí, yo mientras tanto miraba como volabas, como te elevabas y allí bajo aquel espejo de agua seguía llorando y las lágrimas cegaban mis ojos, ya casi no podía ver, escuchar era muy difícil aunque creo que imaginaba el eco de tus alas contra el viento.

Cuando la respiración finalmente falto y el corazón y los pulmones completamente descompuestos dejaron de funcionar me di cuenta que bajo el agua podía existir, y solo era eso existir y no vivir. Y alguien me dijo que era solo el sobrio camino del amor, que siguiera caminando y cuando menos lo imaginara iba a encontrar gusto en ese mundo cenagoso.

Yo buscaba por el halo de luz que había bajo mi charco la luz de tus ojos, buscaba esa sonrisa que solo yo había visto, sabía que nadie más la había visto y temía que cualquier día mientras tú estabas en la superficie tan lejos de mí, encontraras alguien con alas de colores, con brillos y un singular estilo de vuelo, y nunca más ni de reojo miraras el charco en el que se había convertido mi vida por causa de  tu ausencia y mi capricho, entonces, mi podrido corazón se endureció como las rocas.

Y así pasaron esos minutos y segundos de los que te hablaba, corrían, murmuraban y se reunían a mirar con desdén y con lástima el camino que había tomado. En realidad ya no me importaba nada, incluso deje de escuchar el eco de tus alas contra el viento, una parte de mi se olvido de ti, de la sonrisa que nadie más había visto, y otra solo algunas noches me reclamaba por haberme quedado bajo el charco, pero sobre todo por seguir buscando en el halo de luz que atravesaba mi charco la luz de tus ojos y esa sonrisa que por momentos seguía creyendo mía.

Pero en mi charco era la reina, nadie más que yo podía lastimarme, si pasaron otros lastimados como yo, y nos lastimamos mutuamente y siempre aunque sabía que no volverías y aunque ya tampoco lo quería te culpe, una y mil veces y mil veces más por el dolor que me causaste porque solo tenía corazón y como se había podrido solo servía para extrañarte y reprocharte esa gallarda elegancia que te hizo volar tan lejos de mi.

Hubo días en los que abría mi herida y como no veía bien, creí ver otras alas y nunca supe si junto a esas alas volarías. Ya solo me quedaba el alma, que había existido escondida y temerosa en ese lugar, y cuando nadie lo veía se me quebraba por la incoherencia de lo que hacía, lo que sentía y lo que pensaba. 

Te extrañaba mucho, extrañaba eso que hacías que nunca fue perfecto, extrañaba tu imperfección y la mía que contigo eras menos cruel, pero aunque te extrañaba profundamente ya había determinado que nunca saldría del charco y si salía jamás volvería a cruzarme en tu camino ni a escuchar el eco de tus alas contra el viento, menos a ver tu sonrisa que nadie más había visto.

Un día de esos cualquiera, justo en el momento en el que no lo quería, no lo necesitaba, ni siquiera lo recordaba, alguien me dijo que sabía exactamente lo que yo necesitaba y no entendía lo que decía porque en medio de tanta porquería todo parecía perfecto, me dijeron que estaba enferma y no solo era porque no me funcionaba el corazón y los pulmones, era porque no veía, pero sobretodo porque no quería escuchar el eco de tus alas contra el viento.

Y casi que como algo nuevo, el corazón podrido, lleno de musgo y agua mal oliente volvió a latir, y con mi primer latido, volví a ver la luz de tus ojos por el halo de luz que atravesaba mi charco, con el segundo latido vi que tus alas no tenían los mismos colores que tenían antes, con el tercero escuche tus pasos lentos sin prisa ni pretensión justo como lo recordaba, con el cuarto latido, escuche el sonido de tus alas contra el viento y en el quinto una vez más se me quebró el alma porque vi tu sonrisa y recordé como una avalancha de recuerdos que te extrañaba y me sentí perdida en esa soledad en la que ya había aprendido a ser feliz.

Nuevamente me sentí tan mal, se desvaneció mi mundo y el único escudo que tenía que era mi orgullo, se hacía muy delgado y podía ver  como la suave brisa de la superficie lo quebraba. El sol secó mi charco nunca quise alas ni las quiero, solo quiero mis pies para correr.

Hoy que te encuentro ya mejor no te pregunto, porque tal vez no haya respuesta al porque cruzaste la puerta del apartamento en que vivíamos y nunca quisiste regresar, pero ya quebrado mi orgullo y si tu lo quieres podre escuchar porque cambiaron tus alas de color y como te ha ido en este tiempo.

Él con aspecto de viento reseco dijo:

Siempre sobrevolé el charco porque estaba esperando a que salieras de él. Te espere en la superficie porque bajo el charco no hubiera podido respirar pero he esperado aquí encima para regresar al apartamento en el que vivíamos.

El sonrió y ella supo que aún esa era su sonrisa y ya no vivía imaginando el eco de las alas contra el viento, ahora iban caminando, solo eso siguiendo sus pies.

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