10 de abril de 2013

Lágrimas, sudor y mar.

Siempre el agua salada es la solución para todas las cosas, las lágrimas, el sudor y el mar. 

No cabe duda medite después de unos minutos inertes que pasaron frente a mis ojos mi pasado y mi futuro. sin que pudiera mover si quiera un músculo de los resquicios del alma una nostalgia invadió los poros, el plasma y los tuétanos. 

Quise en ese mismo escapar de esa realidad mortal que se ponía frente a mis ojos, nuevamente volví a sentir tu ausencia, esa ausencia que me acompaño desde hace 10 años cuando vi tu cara tras el cristal del vidrio del carro. 

Porque lo primero que vi cuando encontré tu corazón, no fue el amor más puro, más grande y más resistente que jamás hubiera sentido, antes de todo ello lo que me invadió una tibieza incomoda porque tu ausencia marcaría mi vida, tu frialdad robaría mi optimismo y tu lejanía mantendría vivo el sentimiento de la misma manera que se mantienen los muertos cerebrales, conectados a las máquinas pero ya fuera de este mundo, de esta tierra, fuera de esta vida de dolores que se hace la mártir solo para fingir que nos ha enseñado algo. 

Tuve una premonición, cuando vi que ya ni mi vida no era vida, cuando me vi en el espejo y descubrí que lo único que me hacia era mover las piernas de manera involuntaria para suponer ir hacia adelante, era la esperanza  absurda que regresarías a arrancar de mi corazón las espinas que tu mismo plantaste en él, cuando perdí el brillo de los ojos, la ternura de la piel y la juventud; en ese momento me di cuenta que llegaría el final. 

Como si el adiós curara las heridas, como si un adiós agónico y largo remediara tantas faltas. 

De pronto me vi en el futuro, tú con el corazón en otras galaxias y yo con el corazón seco por haberlo dejado expuesto por tantos años, al olvido. Perdí mi corazón cuando intentando olvidar, regale la ternura a los caminantes y los rostros sin nombre, sin significado y sin alma. 

Sin embargo ya tanto había ansiado este adiós que la visión de mi futuro no me espanto como pensaba, solo entonces comprendí que el signo trágico de un alma reverberada por mucho amaneceres, es el de amar una sola vez y perderse en ese amor, como en un océano sin limites, cuyo final es la tierra de los dragones que escupen fuego y se devoran a los marineros. 

Me dejaste tan seca, tan cansada y de tanto cansancio, cuando en el futuro vi tu desidia y me choque con tu frialdad, con tu ausencia, tu desaparición y tu muerte, ya no tenia lágrimas para llorar, ni sudor para correr, solo me queda el mar en donde llevaré estas penas y estos años perdidos a que vaguen hasta colarse en la piel de alguien más que seguramente haya nacido con el mismo signo trágico de vivir en la soledad y querer cuando no vale la pena. 

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