20 de diciembre de 2012

La vida en el espejo

Caminaba tan feliz observando las grises nubes de esta ciudad contaminada, repentinamente bajaba la mirada para ver algunas flores y ver someramente algunas personas que aparecían por los caminos.

En el pasillo del tren a media noche viaje mil veces, con la mirada obnubilada por el resplandor de esa ilusión que habías dicho. Y es que lo que dijiste no fue ni real, ni tangible, solo fue una alucinación, esa alucinación me hizo una emboscada y aunque no debería contarlo una vez más sentí morir, unos tres mil sueños murieron súbitamente se estrellaron como kamikases y dejaron de ser sueños para ser reproches.


Es que la linea entre la estupidez y la ilusión es tan delgada, en definitiva uno y uno no son dos. Hace un tiempo en ese mismo lugar había tropezado, pero con el convencimiento que el camino es un capricho humano olvide las señales que anunciaban la sepulcral tristeza que ya me es tan común.

Tropecé con un espejo que mostró en su reflejo los golpes que vendrían y la mentira en la que vivía de los coloridos días primaverales, hoy queda el frío del invierno que congela los cabellos y parte las rodillas.

Vi en ese espejo la realidad que ya conocía y que ansiaba dejar de lado. Mi vieja amiga tristeza que me conoce mejor que cualquier otro que hubiese conocido antes, vino de nuevo del reflejo de ese espejo y recordó con sus palabras llenas de lastima y pesar que lo del espejo no era un reflejo era la realidad, que el reflejo de mi imaginación y mi querer eran los días primaverales.

De manera que lo que quería era la vida en el espejo, los días tibios me parecían tranquilos. Pero el mundo lleno de rabia y envidia debía restregar en la cara que la realidad no son esos sueños que aunque bellos son completamente imaginarios.

Hoy que he vuelto a ver a mi tristeza, me reprocho que hubiese querido olvidarla, ahora que vuelves como fiel compañera, oh imperturbable angustia, como misero sostén de la mortal soledad y del enamorado silencio, entiendo que la vida del espejo en donde las cosas arden con un menos doloroso calor, fue la ilusión en la que si hubiese querido vivir.  

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