Uno de los momentos más difíciles de la vida es ver el fin de la misma. Reflexionar sobre la muerte seguro es una actividad regular y que practican muchos, a lo mejor, con la pretensión de entender un fenómeno inentendible, inconsolable y explicable solo por la irrefutable realidad de su existencia.
Dicen que las nubes negras hacen parte del paisaje, en muchas ocasiones son hermosas, por su imponencia y gran influencia en el sol de una mañana, jamas pasan desapersividas, siempre llaman la atención. Enterarse de la muerte de alguien es la sensación más petrificante que he conocido, cada muerte es un recordatorio sobre la fragilidad de la vida, pero también un llamado de atención sobre lo mucho que pierdes cada día y lo mucho que ganas al mismo tiempo, es una gran nube negra en un lindo paisaje.
Yo aún no entiendo muy bien lo que pasa después de la muerte, pero si se lo que pasa en la vida después de la muerte de alguien más. La muerte debería ser un evento que ocurra cuando ya has vivido lo suficiente, cuando has cumplido algunos sueños y has desperdiciado suficientes días, jamás debería ser un suceso que se interponga a la mitad de la juventud de alguien. Es inexplicable.
He visto llorar a varias de las personas más fuertes que conozco por causa de la muerte y con cierta regularidad siento temor por las muertes que no han llegado todavía son quizá las lágrimas más amargas, no hay nada tan cierto como que para todo hay remedio menos pa´ la muerte.
Yo creo en el amor después del amor y aquellos que se han ido y a nosotros a quienes nos persigue la muerte al punto que se vuelve vieja conocida a la que encuentras en muchos rostros que ya nunca más verás, estamos aprendiendo con cada golpe que la vida es el acto más corto que nos toca. Hay dolores que quedan como cicatrices en el alma, cicatrices tan profundas que se camuflan en dolores más superficiales. Los recuerdos son una pesada carga, así que invocaría el legitimo derecho a la amnesia para no sufrir desmedidamente y no recordar que en este camino de risas y prisas muchos rostros se irán para siempre y a lo mejor jamás dijiste adiós.
Espero que la luz de la mañana ilumine el día y nos permita comprender que en eso que alguien llamo vida, solo somos pasajeros ocasionales y accidentales y si ya vamos en ese tren, bueno sería despertar y reconocer que a cada instante hacemos y pensamos en muchas cosas, pero rara vez pensamos en vivir.
Que la muerte no nos coja sin haber dicho lo suficiente y sin haber hecho lo que realmente queríamos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Puedes comentar....